Un framework para la selección de causas | Importancia, Traccción y Olvido
- Andrés Gómez

- May 27, 2025
- 6 min read
Updated: Oct 22, 2025

Herramientas de la semana | ¿Cómo seleccionar los problemas a resolver?
En un mundo donde los problemas sociales abundan y los recursos escasean, una de las decisiones más difíciles en filantropía es dónde actuar primero. ¿Ayudar a personas sin acceso a agua potable? ¿Reducir la desnutrición infantil? ¿Mejorar la educación en zonas rurales? La intuición, la empatía o el interés personal son buenas brújulas para empezar, pero no bastan si queremos maximizar impacto.
Por eso hoy quiero compartir una herramienta poderosa y sencilla para tomar decisiones estratégicas sobre qué causas priorizar: el framework de Importance, Tractability & Neglectedness (ITN), desarrollado por la comunidad de altruismo efectivo y adoptado por investigadores, filántropos y agencias de cooperación que buscan maximizar el impacto de sus recursos.
¿De dónde viene este enfoque?
El ITN fue formulado por primera vez por filósofos y economistas vinculados al movimiento de altruismo efectivo, una corriente ética que busca usar la evidencia y la razón para hacer el mayor bien posible con los recursos disponibles. Organizaciones como 80,000 Hours, GiveWell y el Centre for Effective Altruism han promovido este marco para guiar tanto donaciones como elecciones de carrera o inversiones sociales.
Importance | ¿Qué tan grande es el problema?
La primera pregunta que propone el ITN es directa: ¿cuánto sufrimiento humano genera este problema? Aquí hablamos de escala y gravedad. Un problema es importante si afecta a millones de personas y lo hace de forma profunda: acorta vidas, limita capacidades, genera pobreza o exclusión.
Una forma útil y estandarizada de estimar esta magnitud es la carga de la enfermedad, medida en DALYs (Disability-Adjusted Life Years). Como expliqué en este artículo anterior, los DALYs permiten comparar entre problemas muy distintos (como un cáncer, una infección o un accidente de tránsito) bajo una misma unidad: los años de vida saludable perdidos.
Aunque hoy las enfermedades crónicas explican buena parte de los DALYs globales, en América Latina persisten problemas no crónicos con enormes cargas de enfermedad. Por ejemplo:
Lesiones por accidentes de tránsito, que afectan desproporcionadamente a personas jóvenes y productivas.
Enfermedades tropicales como el Chagas, el dengue o la leishmaniasis, altamente prevalentes en zonas rurales y pobres.
Infecciones prevenibles como las infecciones intestinales en infancia, aún responsables de miles de DALYs en algunas regiones.
Reconocer la importancia objetiva de estos problemas es el primer paso para priorizar con datos. La carga de la enfermedad no lo dice todo, pero nos ofrece una brújula poderosa para no actuar solo por intuición o moda, sino por dónde más vidas y calidad de vida podríamos recuperar.
Tractability | ¿Dónde podemos mover más la aguja?
No todos los problemas importantes son igualmente abordables. Algunos, aunque graves, presentan barreras científicas, logísticas o económicas que limitan el progreso. Por eso, después de entender cuán grande es un problema, debemos preguntarnos si es realista lograr avances concretos con los medios disponibles. La tractabilidad (a veces le llamo Tracción) se pregunta: ¿Con cuánto esfuerzo, tiempo y recursos se pueden lograr avances significativos en esta causa?
Un contraste ilustrativo es el de cáncer vs. malaria:
El cáncer causa más de 10 millones de muertes al año en todo el mundo y representa aproximadamente 250 millones de DALYs. A pesar de décadas de investigación y miles de millones de dólares invertidos, muchos tipos de cáncer aún no tienen cura ni métodos de prevención altamente eficaces. Además, sus tratamientos son costosos, invasivos y altamente especializados.
En cambio, la malaria, con alrededor de 600.000 muertes anuales, principalmente en países tropicales, es altamente tractable. Intervenciones como mosquiteros tratados con insecticida, rociado residual en viviendas, y medicamentos preventivos han demostrado ser eficaces y de bajo costo. Se estima que los mosquiteros distribuidos masivamente en África han salvado más de 6.8 millones de vidas desde el año 2000.
El costo por vida salvada con programas de prevención de malaria puede oscilar entre 3.000 y 5.000 USD, según GiveWell. En cambio, muchos tratamientos oncológicos cuestan más de 100.000 USD por paciente, con resultados muchas veces inciertos.
Esto no quiere decir que debamos ignorar el cáncer, sino que, si buscamos maximizar el impacto por cada dólar invertido, debemos priorizar aquellas causas donde el progreso es más alcanzable y a menor costo.
La historia de la salud pública está llena de ejemplos donde esta lógica utilitarista ha producido avances extraordinarios:
La eliminación global de la viruela, lograda en 1980, es uno de los mayores hitos sanitarios de la humanidad. Una enfermedad que mataba a millones cada año fue erradicada completamente gracias a una estrategia mundial basada en vacunación masiva, vigilancia activa y una coordinación internacional sin precedentes. Fue posible porque había una solución eficaz, una transmisión identificable y un alto retorno por cada esfuerzo logístico realizado.
De forma similar, en 2015 la Organización Panamericana de la Salud declaró eliminada la rubéola en las Américas. Aunque menos letal que la viruela, la rubéola era una amenaza seria para embarazadas, provocando abortos espontáneos y malformaciones congénitas. La clave fue la disponibilidad de una vacuna efectiva y barata, y el compromiso de los sistemas de salud pública para llevarla a cada rincón del continente.
Estos casos muestran que la tractabilidad no es un concepto teórico, sino una guía práctica para lograr cambios reales. Identificar causas con soluciones claras, escalables y costo-efectivas puede marcar la diferencia entre un esfuerzo bien intencionado y una transformación histórica.
Neglectedness | ¿Qué tan olvidado está el problema?
Esta dimensión del marco ITN puede traducirse como nivel de abandono o grado de descuido institucional. Se refiere a una pregunta clave: ¿Qué tan poca atención está recibiendo este problema por parte del Estado, el mercado o incluso otras organizaciones filantrópicas?
La lógica es sencilla pero poderosa: si un problema importante y solucionable ya está siendo atendido por muchos actores, entonces la contribución marginal de un nuevo esfuerzo puede ser baja. En cambio, si el problema ha sido ignorado o dejado de lado, tu intervención puede generar un impacto mucho más significativo, porque estarías cubriendo una brecha crítica.
En otras palabras, el olvido crea oportunidades.
Los problemas típicamente olvidados por el Estado o el mercado suelen compartir ciertas características:
Afectan a poblaciones con poco poder adquisitivo o político.
No generan retornos financieros atractivos para el sector privado.
No tienen visibilidad mediática ni generan presión pública.
Requieren intervenciones complejas o intersectoriales.
Ocurren en zonas rurales, dispersas o fuera del radar institucional.
Ejemplos claros de problemas desatendidos:
Enfermedades tropicales desatendidas, como la esquistosomiasis, la filariasis linfática, la oncocercosis o el mal de Chagas. Afectan a millones de personas en América Latina, África y Asia, pero reciben una fracción mínima del financiamiento global en salud.
Falta de saneamiento básico en comunidades rurales, que sigue siendo una causa estructural de enfermedades infecciosas y pobreza intergeneracional.
Salud mental en jóvenes, especialmente en zonas rurales o periféricas, donde los servicios públicos son casi inexistentes y el sector privado no llega.
Seguridad vial en ciudades intermedias, un problema responsable de miles de muertes prevenibles cada año, pero con baja prioridad en la agenda pública y empresarial.
Un ejemplo claro de cómo el olvido determina la efectividad de una intervención es el caso del mal de Chagas en América Latina. Esta enfermedad, causada por un parásito transmitido por insectos, afecta a entre 6 y 7 millones de personas, en su mayoría en zonas rurales pobres. Aunque existen tratamientos efectivos si se detecta a tiempo, la falta de inversión pública, la ausencia de incentivos para la industria farmacéutica, y la escasa visibilidad mediática han hecho que siga siendo una de las principales enfermedades desatendidas del continente. Una intervención filantrópica bien dirigida en esta causa puede tener un retorno enorme precisamente porque hay pocos otros actores trabajando en ella.
Evaluar el grado de “olvido” no es solo una cuestión de justicia, sino también de estrategia. Allí donde no hay mercado ni Estado, la acción filantrópica puede marcar una diferencia desproporcionada.
Implicaciones para América Latina
Este marco tiene implicaciones profundas para cómo hacemos filantropía, política pública y cooperación internacional en la región:
Priorizar causas y maximizar impacto por dólar invertido. Este enfoque nos obliga a preguntarnos: ¿estamos invirtiendo en los problemas que más sufrimiento causan, que son solucionables y que están desatendidos?
Usar métricas para seleccionar problemas. No se trata solo de buenas intenciones, sino de medir y comparar: ¿cuáles son las principales causas de pérdida de calidad de vida en nuestros países?
Atender enfermedades tropicales desatendidas. América Latina aún sufre de enfermedades que persisten no por falta de soluciones, sino por falta de atención. Chagas, dengue, leishmaniasis o geohelmintiasis deben estar mucho más alto en nuestra agenda.
Diseñar estrategias donde haya espacio para crecer. En contextos donde ya hay muchos actores interviniendo, el impacto marginal es menor. El ITN invita a buscar nichos estratégicos donde nuestras capacidades puedan generar avances que hoy nadie más está produciendo.
Dejar de pensar solo en causas populares y empezar a pensar en resultados. Este enfoque nos permite pasar de una lógica caritativa a una lógica de inversión social estratégica.



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