Lecciones de EEUU para construir una filantropía científica empresarial
- Mar 15
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Updated: Mar 17
The Giving Pledge nace como una iniciativa de Bill Gates, Melinda French Gates y Warren Buffet en 2010. Se concibió originalmente como un compromiso moral entre los individuos más ricos de la sociedad por donar la mayor parte de su fortuna.
Sin marcar una dirección clara sobre CÓMO ni bajo qué PRINCIPIOS donar, la iniciativa ha perdido su popularidad durante la segunda administración Trump, y se está convirtiendo en un buen ejemplo de cómo NO promover una cultura filantrópica entre los grandes jugadores del capitalismo tecnológico.

Billionaires say they are desperate to give away their money – but their interests are misaligned with society’s. Just tax them!
Éste articulo de The New York Times ha aparecido mucho en mi LinkedIn: "The Billionaire Backlash Against a Philanthropic Dream". Relata la decadencia del Giving Pledge, esa institución de la filantropía global que nació como un compromiso de los ultraricos por donar su fortuna.
El creciente desinterés por este club de donantes revela su pecado original: el compromiso público por donar no era el resultado del interés profundo por resolver problemas sociales, sino una forma de demostrar que se había logrado el estatus de billonario. Firmar el compromiso por donar se volvió una manera de señalizar que eras parte del club de los Gates, los Buffets, los Bloombergs y los Zuckerbergs, entre otros.
Cuando estos nombres pierden popularidad (por su edad o sus escándalos de pedofilia) y los nuevos referentes del techno-capitalismo critican la afinidad de la filantropía con la ideología woke, de repente deja de ser atractivo comprometerse con causas sociales. Hay nuevos clubes a los cuales pertenecer, y estos no piden donar una buena porción del patrimonio familiar.
Lecciones para América Latina
El desenlace del Giving Pledge inspira varias preguntas que podrían dar buenas pistas sobre cómo activar de manera más efectiva y sostenible la filantropía de nuestros propios tech-bros latinoamericanos.
¿Cómo evitar que la filantropía se nos vuelva simplemente una estrategia vanidosa (y por tanto pasajera) de señalizar la pertenencia al club de los ultra ricos?
¿Cómo se vería una filantropía de empresarios y emprendedores latinoamericanos con vocación de largo plazo?
¿Cómo activar una filantropía empresarial que se tome tan enserio la filantropía como sus negocios?
¿Qué hace falta para que las fundaciones empresariales y familiares hagan fundaciones de la mano de la academia?
¿Cómo evitamos el nihilismo y el cinismo hacia los esfuerzos por ofrecer bienes públicos de calidad donde el Estado y el mercado han fallado?
Nosotros en OnceOnce y Filántropos partimos de un principio sencillo: las personas quieren ayudar. Mejor si esa ayuda tiene incentivos económicos, reputacionales o de cualquier otra índole. Pero de fondo, la gente quiere ayudar.
Los billionarios gringos que ahora se resisten al Giving Pledge, encontrarán otras maneras de ayudar, quizá menos cuantiosas, quizá menos visibles, pero les subyace un principio de empatía que los movilizará siempre hacia distintas formas de altruismo.
El reto es cómo empaquetar ese principio, y guiar las reflexiones de los grandes ganadores del mercado, para que su empatía esté alineada con las formas y los objetivos de la filantropía científica. Para que la filantropía de empresarios y emprendedores no se active para señalizar estatus (prioritariamente) sino para optimizar la sociedad que los rodea.
El conocimiento sobre qué funciona y qué no, sobre cómo priorizar causas y optimizar intervenciones, no es un lujo académico: es la diferencia entre la filantropía que transforma y la filantropía que señaliza.
El Giving Pledge falló porque nunca le exigió a sus firmantes pensar con rigor sobre el impacto. Les pidió un gesto grande, público y fotogénico, sin una teoría de cambio detrás. Lo que queremos construir en América Latina es lo contrario: una filantropía empresarial que aplique los mismos principios de focalización y optimización con los que sus protagonistas construyeron sus fortunas. No para señalizar que pertenecen a un club, sino para resolver los problemas que el Estado y el mercado no han podido resolver.
Ese es el reto. Y también la oportunidad.



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