Teorías de cambio para el desarrollo rural
Una fundación empresarial nos pidió revisar su modelo de impacto y su marco estratégico con el objetivo de garantizar consistencia lógica y solidez metodológica. La reformulación partió de una premisa central en OnceOnce: las estrategias efectivas no se sostienen únicamente en buenas intenciones, sino en hipótesis explícitas, evidencia comparada, sistemas de indicadores robustos y una cadena lógica que articule actividades, productos, resultados e impactos.

Reto:
Vacíos lógicos
Diseño:
Modelo y comparaciones relevantes
Solución:
Indicadores de productividad rural
Descubrimientos: patrones comunes trayectorias diferentes
Aprendizajes:
Indicadores metarialistas
Cuando llegamos a este proyecto, nos encontramos con una teoría de cambio y un marco estratégico que no lograban cumplir su propósito: orientar las decisiones de la fundación con base en una lógica clara de impacto. Aunque la organización tenía años de experiencia y un fuerte compromiso con el desarrollo rural, su modelo no contaba con una estructura causal explícita que permitiera entender cómo se producirían los resultados esperados, ni con indicadores que pudieran medir con validez el impacto del modelo.
Comenzamos con un análisis comparado de experiencias internacionales en desarrollo rural. Estudiamos intervenciones similares implementadas en contextos rurales de África, América Latina y Asia, identificando qué enfoques habían logrado escalar, cuáles eran sus rutas causales y qué indicadores usaban para medir impacto. Ese ejercicio nos permitió enmarcar el trabajo de la fundación en una conversación más amplia sobre lo que funciona y por qué.
Con esa base, propusimos una nueva Teoría de Cambio estructurada en cuatro grandes ejes: empoderamiento de la mujer rural, fortalecimiento del capital social, transición agroecológica y diversificación de ingresos. Articulamos estos ejes en una secuencia lógica y medible, capaz de guiar intervenciones adaptables a distintos contextos rurales. Lo que antes era una lista de aspiraciones ahora se convirtió en una ruta estratégica con hipótesis claras sobre cómo generar cambios sostenibles en las comunidades.
Reformulamos también el Marco Estratégico con el objetivo de posicionar a la fundación en los mercados más exigentes de la filantropía regional y global. Eso implicó definir con precisión el modelo de impacto, construir una batería de indicadores de resultado y establecer métricas de progreso que permitieran evaluar si las intervenciones estaban en camino a generar el impacto deseado.
Planteamos, además, una estructura organizativa centrada en el fortalecimiento de un laboratorio social: una forma de trabajo que combina el método científico con principios de innovación ágil, promoviendo la experimentación, la medición rigurosa y el aprendizaje validado.
La fundación adoptó parcialmente nuestras recomendaciones y abrió un proceso interno para afinar su visión, contrastar hipótesis y fortalecer su capacidad de medición. Sabemos que transformar un modelo operativo lleva tiempo, pero este fue un paso fundamental: pasar de una estrategia difusa a una arquitectura lógica con una ruta de impacto claro y un marco estratégico que identifica áreas prioritarias y facilitadores.
Este trabajo nos recordó algo esencial: una teoría de cambio no es solo un requisito de formulación, es la columna vertebral de cualquier apuesta transformadora. Y un buen marco estratégico no es una hoja de ruta genérica, sino un sistema vivo que orienta decisiones, mide avances y permite aprender en tiempo real.
Este proyecto nos enseñó la importancia de medir los resultados de largo plazo. Si bien en el horizonte de un proyecto no sea posible evidenciar todo el impacto ni las transformaciones logradas, si el proyecto va por buen camino si será posible identificar mejoras sustantivas, no solo en ciertas prácticas y percepciones, sino en mejoras específicas en ls condiciones de bienestar. Cualquier proyecto multianual debería poder mostrar avances concretos hacia las mejoras materiales buscadas.
